Fuzzville #2 feat Goner Records! Sudor, rock n roll y más sudor!

Como anunciamos a lo largo de estas últimas semanas la celebración de esta segunda edición del Fuzzville iba a ser una cita obligatoria para nosotros, un festival que se ha ganado un hueco en nuestra agenda y que este año anotaba un nuevo aprobado dando la sensación, eso sí, de acumular menos asistentes que en su anterior edición.

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Foto: Blue Indigo Studio

Así fue como llegamos in extremis el mismo viernes, perdiéndonos la presentación del jueves en la Rockstar con Slick!, Big Tits y Apache, también nos perderíamos parte del concierto de Las Señoritas Estrechas, banda de power pop militante en Rufus Recordings, que no acumulaba demasiados asistentes a primeras horas de festival. Sería más tarde, y a modo de reclamo, cuando La Luz daría un concierto tranquilo, aceptable y medianamente insípido en el escenario Fuzzville, a pesar de calar en el público fiel con ritmos de surf almibarados y teclados lisérgicos y tropicales, como me mola esta palabra joder, tropical. Arrancarían seguidamente las suelas el trío gironés de garage punk Aliment en el escenario Rufusville, la banda venía con su último largo “Silverback”(La Castanya, 2015) bajo el brazo y demostró saber defenderlo a horas tempranas y con gran parte del público aún por llegar a base de pildorazos frescos, dinamitados y potentes como “Car Crush” o “Razors“.

Con algo más de público que La Luz afrontaría Spray Paint su concierto, los norteamericanos desplegaron su cancionero oscuro para dar un intenso recital de punk y no wave con bajo peleón, amalgama de sonidos que no convenció a la totalidad del público pero que a nosotros nos dejó encantados, casi tanto como su último disco “Feel The Clamps” que han editado en Goner Records. Posteriormente, de vuelta al Rufusville, Las Venas nos soltaron un tremendo guantazo a base de punk de cuchillas con canciones tan incendiarias como “Podrida”, “La Playa de los negris”, “Caes (otra vez)” o “Prenderles a todos fuego”, este último extraído de su segundo 7” “Náuseas” (Blondes Must Die Records). Martillo percutor a la batería y al bajo, acompañados por unas guitarras que parecen un mar de agujas. Una bomba de relojería, son nuestros Último Resorte particulares, actitud punk 100%.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Una de las propuestas más masivas de la noche llegaría a continuación con un nombre tan sonado como Giuda. “Vamos, que ahora viene lo mejor del festival” escuchamos por la terraza pero por nuestra parte era algo que dudamos bastante a pesar la inmensa cantidad de seguidores que atesoraron los italianos en su concierto, todo muy clásico, revivalero, pesado i recalfat que decimos por aquí… No es algo que nos llame mucho pero para gusto colores, algo que dirían muchos más tarde en el concierto de Ángel y Cristo.

Si tenemos que decir algo de Los Claveles es que fue el puto concierto más bonito de todo el festival, podríamos habernos muerto de amor allí mismo y si a nadie le hubiese importado nos daría igual. Fue un gustazo ver de nuevo a la banda, con nueva formación (reorganizada por Marcos Rojas para la ocasión). Sonaron las canciones que tanto nos han dado y que muchxs aún esperaban poder escucharlas algún día en directo, ya fuesen las vitaminadas “Estación de Autobuses”, “Las inquietudes de Blanca María” o “La ruta destroy”. Con todo esto y a pesar de algún fallo puntual que dio la caja de inyección del bajo, el setlist dejó satisfecho al público, incorporando también las baladas sensiblonas como “Santos el suave” y “Nacional 42”, aunque lo realmente emotivo fue el enérgico final cuando todos gritaban la letra de (al igual que con muchas otras) “Estafas”. Lo dieron todo y lo dimos todo.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Cambiando de escenario llegaron Mujeres, banda consagrada de garage nacional de buena fama, factor que no siempre es fácil de mantener, en este caso su concierto no nos gustó tanto como otros que hemos presenciado anteriormente. La banda ha perdido parte de su brillo al reducir la formación y quedar los ritmos y los solos fijados en la misma guitarra de Yago Alcover. No obstante gastaron todos sus cartuchos hábilmente poniendo como base principal el cancionero que acumulan en su último disco y de las entregas anteriores. La peña se lo disfrutó y por supuesto no faltó el típico solo de bajo que sólo el señor Pol Rodellar puede interpretar flotando de espaldas o, para esta ocasión hasta desafiando a la peña y pillando el micro, “Este es mi momento! Este es mi puto momento!”. Joder Pol, eres como esx ex que tanto odias pero que te seguirías follando a pesar de todo.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Y cambiando completamente de ambiente llegó la hora de Ángel y Cristo, o lo que viene a ser el anticristo del festival para algunxs puretas que miraban con desagrado el espectáculo. Dieron uno de los conciertos más sonados, bizarros y memorables, y eso es así. Ya sea por sus trajes de astronauta, por el espectáculo montado por sus miembros, por el synth-punk esquizo que destilan o por la paja que se cascó en vivo y en directo el trapecista onanista con fuegos artificiales incluidos… Son únicos y quieren ser vetados en todas las salas. Temas como “El Hombre Invisble”, “Cuñao”, “El Hombre Bala”, y alguna retahíla de inéditas, aún por grabar, con mucho bakalao, cajas de ritmo y mandanga que deberían publicarse de una puta vez. También hizo acto de presencia la icónica “Surferos del Tajo”, con el trapecista surfeando por encima de la peña. Que tipos más grandes y desagradables, arrolladores.

Uno de los nombres más esperados de la noche fue No Bunny que ofreció un concierto bien gordo, gamberro, lleno de energía y bastante acertado por lo general. Podríamos quitar los fragmentos en los que pilla la guitarra, que no nos molan tanto, pero en fin, rock n roll guarro y fuerte, y las mallas que no falten. Por otra parte decir también que el concierto llegó a resultar demasiado largo para peña que a esas horas buscaban más el frescor del escenario pequeño o de la terraza, y la verdad es que ya llevamos dos años sudando la gota gorda en el escenario grande… Sería de gran interés incorporar algunos sistemas de refrigeración más potentes que los pocos ventiladores que cuelgan del techo. Tanto asistentes como la peña de los stands lo agradecerían infinitamente. No os preocupéis amigxs del Fuzzville, beberemos cerveza igual.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Cerrarían más tarde el escenario Rufusville la propuesta de garage clásico y teclados 70s de Las Membranas, que jugaban cerca de casa rodeados de muchos fieles a esas horas, con dinamismo, fuerza y mucho espíritu para una de las bandas de Rufus Recordings que, al igual que el resto de las programadas en el escenario, homenajeaban al fallecido Paco Rufus. Para finalizar la primera jornada los toledanos Hollywood Sinners ofrecerían el último concierto, una banda en la que no pesa el paso del tiempo y que sigue gustando tanto o más que el primer día a pesar de no sacar disco desde algunos años, por suerte andan preparando otro y tenemos unas ganas tremendas de escucharlo. Para quién quiso alargar quedaron las animadas pinchadas de Annie Villamarzo y Turista Bang Bang. Rock n roll, cerveza y cigarrillos.

Y para seguir haciendo gala de lo serios y responsables que somos os diremos que también nos perdimos los conciertos del sábado por la mañana en la Rockstar, no tenemos remedio, las noches se nos tuercen más fácil que el rabo de un cerdo. Al parecer, y según nos contó nuestro amigo Guillermo Bengala, los Sen Senra estuvieron bien, un rollete tranqui, rollo psych pop, muy animado, lo que hacen ellos, “suenan guay” dice. También nos dijo que el concierto de Los Bengala estuvo de puta madre pero de eso ya nos fiamos menos porque es un flipado y cuenta lo que le sale de las pelotas, aunque lo cierto es que más tarde todos coincidían en que la canela en rama la repartieron bien y los pogos se sucedieron para disfrutar del garage tan fino y explosivo que practican estos zaragozanos. Y todo esto teniendo a Borjita con la clavícula jodida pillando exclusivamente el micro. “No cancelamos ni un bolo”, si es que son unos figuras de cuidao.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Decir desértico es quedarse corto para describir la asistencia all concierto de Holy Paul el sábado por la tarde, la banda valenciana de r&b podía contar los asistentes con los dedos de los pies, ya que las manos las ocuparon dando un concierto notable para esas horas y esos ambientes. Lo criminal fue poner a los Bad Sports tan pronto, con La Luz ya nos dejó tocados, pero los Bad Sports peña… Aunque al fin y al cabo todo funciona como un reclamo para que lleguemos pronto, concierto acertado, ni muy a destacar ni muy a olvidar, la verdad es que es una banda que teníamos bastante abandonada hasta que volvieron a sacar disco este año con Dirtnap Records, “Living With Secrets”, que puta maravilla amigxs, 7 palmotazos en la espalda bien daos.

El punk reatard de Retraseres prendería la mecha más tarde con su tremenda colección de grandes éxitos, cuánta energía, cuánto desparpajo, los hemos visto unas cuantas veces por nuestra cercanía a la zona valenciana pero la verdad es que no nos cansan lo más mínimo y menos en esta ocasión que facturaron un bolo de la hostia, algo temprano como para mover pogos pero que de haberse hecho dos horas más tardes hubiese arrasado muchísimo. Con demasiadas expectativas encaramos el concierto de Chain & The Gang, sabiendo que Ian Svenious es un frontman tremendo pero que en esta ocasión llegó de un extremo al otro, gustó tanto como cansó y lo cierto es que a pesar de la vibra pegadiza del bajo y los hits habituales de ritmo plano el concierto llegó a una pesadez insostenible que hizo que parte del público se desplazase a la terraza o hiciese camino al concierto de Texxcoco, banda cuyo garage playero no se queda tan corto en directo como en la grabación, nos sorprendió gratamente ver lo bien se desenvuelven los canarios en el escenario, lo disfrutaron casi tanto como el público y eso es algo que se veía completamente reflejado en cada acorde y cada golpe, muy bien peña.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Posteriormente The Boys demostrarían que siguen estando tan en forma como cuando sacaron su primer largo en el 77, que gustera, que sonido, que actitud joder, I’m a believer… Cuando seamos mayores queremos estar como ellos o morirnos. Llegó entonces el plato más fuerte de la casa con La Moto de Fernan, locales que todo el festival estaba esperando oír, y es que El Grasas y Pedrito son una apuesta segura y más aún cuando la sala está abarrotada y suenan hits tan efectivos como “Hazme el harakiri”, “Iaio tropical”, “Dame el crack”, “Secta Cachonda”, a toda hostia, siempre a tope. Incluyeron una performance artística abstracta de un pavo rayando un lienzo mientras seguían machacando los instrumentos. Al mismo tiempo una chica servía tragos al público sobre una de las tarimas, tras acabar la botella nos parecería completamente innecesario el baile de gogó con las tetas al aire, y decimos innecesario porque la gente pasaba completamente de ella y de sus contorneos que para nada pegaban con el concierto, que en este caso era lo que realmente interesaba a la peña. Creo que esto demuestra que tipo de peña viene a este festival y que tipo de reclamos vale la pena obviar.

El posterior baño de masas que darían Thee Oh Sees fue tremendamente espectacular, la banda californiana liderada por John Dwyer logró ofrecer un recital de garage y psicodelia en el que ya se nota el peso de la experiencia, el rodaje de la banda y, principalmente, la buena práctica de esa doble batería que tan jodidamente alucinados nos dejó, las dos parejas de baquetas eran un puto espejo amigxs. Muchos pogos, stage diving y una ligera sensación de que la banda contenía el desmadre que tanto hubiésemos querido ver junto a una guitarra algo más potente.

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FOTO: BLUE INDIGO STUDIO

Y bueno, lamentándolo mucho a partir de este momento de la noche pocas cosas recordamos que os podamos contar, estuvimos viendo a Radioactivty, con algunos asistentes menos que los Oh Sees, pero que sonaron de puta maravilla y dieron un bolazo de cagarse en los pantalones. Más tarde con Los Chicos disfrutamos de 15 años de rock festivo a sus espaldas repletas de saltos, ritmos pegadizos y guitarras extasiadas. Mucho carisma para esta comunión del rock n roll donde las suelas de los zapatos ardían y no cesaban de moverse. Más tarde tuvo lugar la pinchada más aburrida del festival que nos atacó y tuvimos que echar mano de nuestro material para aguantar la poca juerga que nos quedaba en ese lugar tan repleto de amigxs, desconocidxs, sudor y futurxs amigxs. Nos vemos el año que viene.

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