Lingua Ignota, el universo paralelo de Wind Atlas

Unas cuerdas embellecidas por el brillo de unas campanillas abren las puertas de este mundo al que podríamos llamar “Lingua Ignota”, nombre con el que se ha bautizado al segundo largo de Wind Atlas, editado para la ocasión por el sello valenciano Burka For Everybody. Al principio los cantos avivan un ritual marcado por unas percusiones que han vuelto a sus formas más primitivas. Le acompañan semi-ocultos unos sintetizadores que hacen de “Eurydice’s Chant” la primera capa de esta esfera en la que el oyente está a punto de adentrarse. El canto extasiado de una ninfa perdida entre los vastos pastos de los Balcanes, muerta por su huída ante un rapto y mal resucitada por la impaciencia de su amado Orfeo en el camino hacia la salida del infierno. Puede parecer una auténtica locura la historia recién mentada, pero lo cierto es que no tiene nada de ello, y, a mi parecer esto se debe a que nos encontramos ante uno de los discos más simbólicos en lo que va de año. Desde la propia portada ya se pueden olisquear los infinitos significados que esconde cada rincón de la grabación, el óleo de John William Waterhouse descansa en la portada de forma invertida. Una bruja de un mundo paralelo que traza este “Magic Circle”, que cada uno juzgue por su propio raciocinio.

Magic Circle John William Waterhouse

“magic circle” por john william waterhouse

Los rasqueos que imitan las cuerdas percutidas del santoor persa que envuelven el segundo corte, “Sound Of Gold, Rhythm Of Jade”, terminan de confirmar esa sospecha que se iniciaba con el canto anterior, los Wind Atlas han dejado parcialmente abandonado su cántico medieval, el folk oscuro que impregnaba el primer largo de esta banda de Barcelona, “The Not Found” (Boston Pizza Records, 2013), todo para dar paso a un sonido que destaca por escapar en su medida de todas las músicas que geográficamente nos acechan a la mayoría de nosotros. Las músicas del mundo hechas por artistas completamente ajenas a ellas (localmente hablando), la espléndida representación de sonidos de oriente próximo con los que no se convive de forma rutinaria, al menos a pie de calle. El traslado geográfico que sufre la mente humana con la escucha de este segundo largo de Wind Atlas es el mejor indicador para saber cuando las cosas se están haciendo de la forma correcta. No se trata de emular estilos de otros lugares en ciertas canciones mientras se pretende conservar o recalcar las propias raíces en el resto. Se trata de centrarse completamente en esos sonidos tan extraños para las mentes occidentales y tan naturales para las orientales. Todo consiste en fundirse y sentirse parte de esos sonidos, vivirlos desde dentro como si tus oídos llevaran una vida entera filtrando cada uno de esos acordes, cada una de esas melodías e historias.

La más profunda disertación se esconde en una de las piezas más ambientales de “Lingua Ignota”, “Hylé”. Una eterna discusión referida a la energía, a la sustancia como tal, el elemento que forma cada objeto físico representado en la canción más difusa y atenuante, los cantos de Andrea Pérez se entrelazan con las vibraciones de unas cuerdas pausadas que se esparcen libremente por el espacio. Unos suspiros que parecen no esconder palabra alguna y que llegan al centro de la cabeza más dura y firme. He aquí uno de los instrumentos más atronadores para la mente y presente en esta banda, las propias voces y su bombardeo continúo de sentimientos, alteran y emocionan cada fibra de nuestro cuerpo. Ejemplo de esto es también “Stalker”, tema en el que los golpes oscuros de las guitarras y las voces se alternan, conteniendo un diablo que se va reflejando por momentos en algunas frases, la transición de lo más dulce a lo más demente y perturbado. Una corta muestra de horror contenido. Se puede apreciar en cortes como estos que la banda no teme para nada a hacer caso y prestar atención a esas facetas más experimentales que en ocasiones brotan de cualquier músico. Emplean la intuición como método de creación, obedecen ese propio instinto natural, un subconsciente que sugiere el tipo de ideas que sólo pasan una vez por la mente.Olvidando todo el misticismo previamente comentado, de una cosa sí que podemos estar seguros. Los destellos y guiños a múltiples estilos tan variopintos entre sí son causa del propio eclecticismo de los miembros de su banda, auténticas enciclopedias musicales andantes, devoran y asimilan todas las músicas, dejando relucir sin intención alguna esos sonidos en determinados instantes, como la línea de bajo tan ochentera de “The Goddess Is Where It Is Venerated”, es bien cierto que a partir de esas notas podría salir un auténtico hit de post-punk. Sería algo erróneo ponerse a comentar los posibles referentes que entre las 10 orejas que forman Wind Atlas se acumulan, la simple mención de alguno en concreto haría injusticia a todo el resto que se está obviando. De lo que se puede hacer buena gala es de la gran cantidad de estilos que pueden llegar percibir, las guitarras ruidosas y difusas que revolotean en “Demona” o, el pildorazo rítmico que ofrece “Ecdisis”, primer adelanto del disco sin ir más lejos. Este séptimo corte combina el canto étnico con unas guitarras más propias del rock de vanguardia más experimental, todo un conjunto marcado por el alma tribal de unas percusiones que sienten y justifican espiritualmente cada golpe que proporcionan.

Y tras la tormenta sólo queda el resquicio de una voz acapella. El canto de un lamento que sobrevive ante la potencia de cualquier instrumento sin vida propia. La melodía más bella y delicada, de apariencia casi improvisada y completamente hipnótica como el canto de una sirena. Una balada que echa la vista atrás, recupera en parte el alma medieval de unos cantos que parecen retumbar por todas las paredes de una catedral. Uno la escucharía en bucle hasta conocer de memoria cada palabra, cada respiración, hasta volverse loco por la eterna vida del bucle. Sin duda alguna estamos ante un disco sólido y etéreo al mismo tiempo, un conjunto de piezas de múltiples lecturas, repletas de simbolismo y, sobretodo, de alma. Un viaje espiritual que debe escucharse en los momentos adecuados y que por supuesto recomiendo a todo el mundo que se precie un buen amante de la música en su estado más puro y profundo.

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