Los Nastys y Ukelele Zombies, desgastando suelas por el Magazine

Este viernes pasado decidí pasarme por el Magazine para ver como se las gastaban los Ukelele Zombies y Los Nastys en directo, por si no había tenido suficiente el día anterior con Tercer Sol, Univers y WANB… Está claro que para la gran mayoría el horario de los conciertos fue algo temprano aunque a mis piernas le pareció algo fabuloso. A pesar de ser viernes la sala estaba bastante vacía, y más si se tienen en cuenta la cantidad de fiestas que habían programadas para el domingo al ser fiesta el lunes. Sin más dilación los Ukelele Zombies subían al escenario para repartir un poco de pimienta molida por las orejas del personal. Desde que vi su nombre por el Truenorayo Fest ya me quedé con las ganas de ver que tal lo hacían fuera del estudio o del local de ensayo, y la sorpresa fue muy grata desde luego.

ukelele zombies magazine

Queda totalmente claro que el nervio más nervioso de toda Valencia tiene un nombre y ese es Luis, el Luis de los Ukelele Zombies. Tremendos los punteados que se marcó desde que abrieron con “Tengo Serpientes” hasta que terminaron con “Bull Skull”. Sus piernas bailaban, saltaba, agitaba la cabeza, parecía que sus huesos querían escapar de su cuerpo, puro espectáculo. Al mismo tiempo sonoaban  riffs extasiados proporcionando una hiperactividad transmitida a los pies del público. Las líneas de bajo son un mar de pildorazos frescos en “Nuestro Amor (Ya Se Murió)”, la mano de Daniel Peinado parece una araña huyendo del fuego en el mástil del bajo. Al igual que este, también sonaban “Babe Come With Me” o ”El Feo”, temas incluidos en su primer EP “Guou LLeah!!!” (Pocket Robot Records, 2014), pepinazo de surf, garage y punk en formato 7”. También sonó un tema nuevo, “El Fugitivo”, pero voy a ser sincero, no recuerdo el rollo exacto que tenía, pero os aseguro que molaba un huevo. Será por la curiosa mezcla que tenía en mi cabeza con de ese surf tan astillado por numerosos solos de blues y rock & roll que habían sonado en “La Hija del Sultán”, que delicia de sonido amigos.

Que la batería no es siempre es algo estático, y para demostrarlo tenemos a Palmero que igual se pilla el goliat para molerlo a maracazos entre sus dos compañeros tocando la hiperactiva y lasciva “Muerto y Alegre”, madre del amor hermoso, ni Antonio Machín le daba tanto ajetreo a las maracas. También decide sacarlo a mitad de la pista para repartir mamporros tumbado en suelo, una verdadera lástima que en ese momento hubiesen una decena de móviles intentando fotografiar el momento antes que estar ahí sacudiendo la cabeza como mandan los cánones.

los nastys magazine

Escaso fue el descanso que dejaron antes de que empezaran a sonar Los Nastys, con el cigarro a medio terminar entraron una gran mayoría. Repartieron buena dosis de punk zapatillero mezclando temas de los dos EPs que han editado hasta ahora, ambos con Tres Cipreses. Guitarras rápidas para una sudada parcial de la sala, aún trato de explicarme la extrema entrega de un grupete de teen-fans que cantaban todas las letras como si no hubiese mañana, a parte de estar repartiendo mamporros, cosas que tiene aquello de no saber ni pogar… en La Resi me gustaría haber visto a alguno de esos pipiolos. Alguna que otra complicación en la ecualización, la batería apenas se notaba entre la gran maraña de guitarras que salían por los altavoces. Por unos instantes el reverb del monitor también puso algo nervioso a Fran Basilio, guitarra solista y encargado de ejecutar el mar de arreglos y punteados de los que están plagados ambos EPs.

Guitarras gamberras y rasqueos ruidosos que llenan hits como “Madrid es un cementerio” o “Fumar, beber y romper”, este segundo perteneciente a su último EP “La Isla de los Cuadrados Mágicos” (Tres Cipreses, 2014). La clave del toque lo-fi para el garage acelerado o incluso para la psicodelia de la indochina presente en temas guapos como “Okinawa, olvídate de mí” o “Mi Perro”. Joder, el bajo de este último me proporcionaba más good vibrations que la camiseta de Thee Oh Sees que llevaba el propio bajista, Omar Montalvo. La chavalada se lo pasó pipa, que al fin y  al cabo es lo que le importa a una gran mayoría, pero está claro que la cosa estaría mucho mejor con la sala más llena y el sonido mejor ajustado… Y hasta aquí la pequeña historia amigos del underground, ¡nos vemos por las salas y por los antros! Y por supuesto eternos agradecimientos a la gente del Magazine por seguir montando conciertos tan guapos.

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